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Julio Vallejos: Un corazón por Africa

El cantautor argentino Julio Vallejos viajó junto a su esposa a Africa liderando un equipo de 8 jóvenes voluntarios para una misión durante el mes de enero, aportar su grano de arena para paliar la situación de extrema pobreza que viven los somalíes y llevarles un esperanzador mensaje de parte de Dios.

Un remoto refugio en Kenia, país centroafricano que alberga a miles de somalíes que viven en un estado de extrema pobreza, en medio de crisis sociales que azotan a su nación desde hace décadas, fue el escenario. Allí fue donde Dios dirigió esta vez a Julio Vallejos.

Aunque en la estadística sí lo sea, no fue ésta una salida misionera más. Es que a pesar de la situación que vive esta parte de la población africana, la alegría con que fue recibido el contingente argentino especialmente en la aldea donde se encuentra desplazada la tribu de los Turcanas, tuvo matices dignos de destacar.
Julio y su equipo fueron sepultados en abrazos por cientos de niños que los recibieron como si fuesen un regalo del cielo que jamás pensaban que llegaría.

Julio cuenta que “a pesar de la situación de inseguridad con grupos extremistas que afectaron mucho el trabajo de otros obreros en esta zona, Dios nos abrió la puerta de poder tomar una avioneta y viajar a una zona cercana al límite con Sudán y Etiopía, llamada Kakuma. Con un calor mayor a 40 grados, y con el corazón ansioso, nos ubicaron en un centro que nos sirvió de hospedaje y refugio. Luego emprendimos camino hacia la aldea de los Turcanas con la guía del pastor  Samuel Wahinga, con quien he podido desarrollar una gran amistad.
Es difícil expresar lo que vivimos, pero sentía que el corazón me explotaba cuando bajábamos de la camioneta entre las chozas y una bandada inmensa de niños empezó a correr hacia nosotros con mucha alegría. Mientras un grupo desarrollaba actividades con los niños, los demás distribuíamos alimentos a cada familia. Mientras tanto, yo intentaba contener la emoción que sentía de estar frente a una tribu que fue removida de su lugar y olvidada en el desierto de Kakuma, pero a la vez, sentir el privilegio de entregarles los alimentos que ellos recibían con una gran sonrisa y un gesto de ‘gracias’.
Nunca voy a olvidar esa combinación de extrema pobreza, pero a la vez mucha alegría y amor.”


Ya desde el primer día, el grupo de trabajo comandado por Vallejos acarreó bolsas de alimentos y remedios y se instaló en el lugar para comenzar con la tarea. El refugio de Kakuma fue una especie de base de operaciones, donde se realizó contención espiritual, pero también mucho trabajo social.
“El pastor Samuel, fue quien nos guiaba y aconsejaba en cuanto a la cultura y maneras de conducirnos para poder asistir a la gente.
El siguiente día llevamos a cabo una campaña de distribución de comida y atención médica en otras de las áreas de la tribu, en medio del desierto. Allí fue ver la extrema necesidad de cerca y sentir que Dios nos fortalecía a pesar del agobiante calor y la sed.
Luego comenzaron a venir personas de diferentes lugares a decirnos que estaban felices de que estemos allí para ayudar, así que decidimos convertir nuestro lugar de hospedaje en un centro de atención médica y contención para los niños.”


Los días se sucedían, el calor era inhumano, pero la tarea de Julio su esposa Noemí y su equipo era incesante. No solo el refugio somalí fue destino del trabajo sino que también se extendió a las ciudades de alrededor. El trabajo en escuelas de Nairobi y con la iglesia cristiana que pastorea el Dr. Kabachia también fueron parte de esta aventura transcultural. Al respecto, Julio dice: “El Obispo Kabachia y su hermosa congregación “Ágape” fueron usados por Dios para recibirnos a nuestra llegada a Nairobi. Allí pudimos compartir con las escuelas del lugar acerca del propósito de Dios con sus vidas, y aprender del hermoso espíritu hospedador y alegre que tienen.
Debido a que Dios había puesto en nuestro corazón el llegar a los somalíes y ésto se hacía imposible por la situación de guerra con los grupos extremistas, Dios nos abrió otra puerta en una ciudad escondida llamada Easily, que a pesar de encontrarse en Nairobi, está totalmente aislada del pueblo keniata debido a su condición y a su religión islámica.
Debo decir que el pueblo somalí no es fácil de alcanzar; sólo basta amarlos y flexibilizarse ante sus normas culturales, y se podrá descubrir la gran sonrisa escondida detrás del velo, y el gran aprecio que tienen por quienes se interesan por ellos. Son sufridos y duros, pero cuando alguien está dispuesto a aceptar su cultura y le brinda amistad, ellos abren su corazón.”

Tras sus días en el agobiante calor de Africa, el equipo comandado por Julio volvió a la Argentina y él junto a su esposa Noemí y su amigo Gustavo se trasladó a la fría Europa para emprender la tarea de ministrar y enseñar sobre adoración e intercesión en varias ciudades de Holanda, Alemania y Polonia.

En marzo, Julio estará de regreso en la Argentina, preparando nuevas obras musicales y, seguramente, orando a Dios en su corazón para que la gran semilla que se sembró dé como fruto una gran cosecha.

Fuente: Agencia SileoySileo

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